Sylhet
Hundir las manos en la tierra oscura y mojada de un bosque milenario, atravesada por una luz repentina. La apertura es un latigazo verde y punzante de citronela, una chispa aromática y cítrica que atraviesa el aire denso antes de dejar espacio a la esencia pura de la madera. Justo después emerge un oud auténtico y sin concesiones, visceral y umbrío, que sabe a corteza antigua y cuero curtido. Sobre la piel tiene una evolución lenta y magnética: el contraste inicial entre la frescura afilada y la aspereza de la raíz se funde en una estela terrosa, envolvente y profundamente íntima. El aliento primitivo de una naturaleza salvaje.