N.101
Caminar entre la hierba alta durante una noche de verano nórdica, cuando el cielo nunca se oscurece. Una ráfaga verde y punzante en la que la angélica silvestre choca con la acidez de la grosella negra. Tiene un carácter fresco, herbáceo y libre, que evoca el olor de los álamos mecidos por el viento. En contacto con el cuerpo libera una frialdad luminosa, un aliento botánico que transmite una quietud absoluta.
50ml